29 sept 2008

A punto de finalizar este mes, la soga aprieta el delicado tallo de las flores rojas que cuelgan sobre el tejado de la vieja casa situada en la esquina de la calle olvidada, las hojas de los costados comienzan a caerse debido a la resequedad y la debilidad.

Un rayo de luz se refleja en los pétalos de la flor gastada por las miradas, casanda de mirar pasar a la misma persona una tras otra vez, se pregunta si aún respira, si aún la mira. Se ha equivocado, la solitaria anciana que pasa siempre por ahí jamás ha notado que se encuentra en ese lugar desde hace años.

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