En una cerrada e insistente agonía ha quedado el suspiro eterno de la vida, las nuevas señales de un posible viaje aparecen en el horizonte pero las astillas de este barco están acorradaladas dentro de la proa misma, ya ni siquiera se atreven a mirar el atardecer, ya no pueden ni sentir el vaivén de las olas.
Ya solo está por ahí flotando, dejandose llevar por el viento y dejandose seducir por la pintura para que el resto de los botes no noten que el daño fue demasiado......
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