8 feb 2008

En medio de una obscuridad que me ciega, mi mente no deja de reproducir tus excesos y tus adicciones, se convierte en un laberinto engañoso pues al principio la salida sin prejuicios es tan sencilla pero la realidad se estampa contra mi pecho, despavilandome de el ensueño causado por tus manías.


Con cautela te dirijo una mirada, encontrando unos ojos aparentemente vacíos y desolados, comienza el juego de mentiras, poses y falsas posiciones. El aire nos conquista, nos envicia, nos lleva hasta el lugar más apartado de la sociedad, donde los prejuicios se han olvidado y las diferencias se han vuelto equivalencias.

Nuestras pieles se homogeinizan, la realidad se esfuma a la velocidad de la luz -en chinga-, las paredes se abren cada vez más hasta desaparcer, el alcohol empieza a salir del cuerpo por cada poro, las caderas se mueven al unísono, sus labios laceran con terneza tu cuerpo expiando el alma.

Un extraño deslumbramiento te despierta, miras frente a tí, ahí se encuentra sentado,te lamentas por el exceso de drogas, un fuerte dolor de cabeza te aqueja, la insaciable sed se hace presente, la resaca no da tregua, la conciencia jamás se revela, la culpabilidad se ha dormido y la moralidad murió de sobredosis.

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